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sábado, 12 de junio de 2010

La sala de espera

El ruido de la gente hablando, quejándose y moviéndose a su alrededor
no es tan molesto como el silencio de la mujer sentada a su lado. No
se mueve apenas. Está sola también, pero parece que le importa un poco
más. Miran ambas a la puerta de cuando en cuando, a la espera de una
señal. Al cabo de una hora de muda compañía, se levanta y se apoya
contra una de esas paredes azulejeadas en blanco y amarillo. Tiene la
mirada triste, el pelo negro corto y no es muy alta. No es guapa,
aunque hace años que no le importa. Ésa es la impresión que trasmite.
Quizá sea una aparición del futuro que le espera. Quizá lleva
demasiadas vidas esperando sentada en la misma fila de butacas. Porque
al final tampoco importa mucho estar sentado más a la izquierda que a la
derecha, ¿verdad?
En una de estas vidas tendré que plantearme cambiar alguno de los
patrones que me llevan siempre a esta sala de espera. Los caminos que
se recorren a ciegas nunca acaban en las puertas del cielo. Por otro
lado, los que se recorren a sabiendas de lo que está por venir carecen
del elemento sorpresa. Lo que trato de decirte es que esa señora
silenciosa es una molestia sólo por ser la excepción a la regla:
alrededor reina el ruido. En la butaca que le ha tocado ocupar hoy
cualquiera con algo que decir hubiera sido más que bienvenido. Y
cualquier palabra mejor que el silencio.
Se siguen repitiendo nombres por megafonía. Ninguno es el que espera
oír. Esa sala de transición se va vaciando. Como hoy no debía estar
aquí seguramente le toquen las sobras. La vida que nadie quiere. Con
suerte la próxima vez tenga posibilidad de elegir entre estrellas de
cine y modelos. No, hoy no. Hoy es jueves y lo que toque, toca.
Alguien grita que no esta. Si, si esta. Eso seria peor que conseguir
una vida prestada. Si, esta. Replica. Si esta! Demasiado tarde. Ahora
tendrá que explicar muchas cosas mas.
Maldito jueves.

martes, 4 de mayo de 2010

Estupenfantástico


porque todo es estupendo, fantástico...
aunque a veces no me lo crea.

viernes, 29 de enero de 2010

brownie sin helado


A mi me encanta el brownie con una bola de helado de vainilla y chocolate caliente por encima. Me encanta romperlo con suaves golpes con la cucharilla y disfrutar de cómo se mezcla lo amarillo con lo negro para poder crear el bocado perfecto. Me encanta el olor del bizcocho recién horneado. Disfruto con la sorpresa de encontrar nueces de macadamia. Las risas que comparto con alguien cuando tratamos de coger el último trozo al mismo tiempo, robando de la cuchara del otro todo lo que podamos.

Me encanta el brownie con una bola de helado de vainilla.

Si yo soy el brownie y tú el helado, prefiero pensar en lo que me gusta comer sólo el brownie. Sin helado. Eso es lo fácil. Sin embargo, no importa. La base del delicioso postre del que hablamos es sin duda este bizcocho de chocolate con trocitos de frutos secos, preferiblemente nueces de macadamia. Si olvidamos ponerle por encima el complemento perfecto, no deja de ser un postre delicioso. No sé si lo que quiero es ser un postre fácil o quiero un poco de helado de vainilla por encima. No sé si quiero que me quieras o quiero dejar de quererte... o quiero que quieras que no te quiera. En cualquiera de los casos, acabo siempre pensando en fumar. Mala señal.

¿Es especial un brownie sin helado y sin chocolate caliente?...

A lo mejor quisiera ser natilla...

No le pega nada el helado a la natilla...

Si fuera natilla no existirías en mi vida...

¿Cómo deja uno de ser brownie?

¿Y si me hago una bola -no de helado, una bola, bola- y me duermo hasta que tú lo tengas claro? No, seguro que cuando me despiertes será demasiado tarde. Ni brownie, ni natilla ni postre que se le parezca. Una pasa arrugada sería.

"Brownie sin helado, por favor..."- le digo al camarero mientras cierro la carta - "Tengo intolerancia a la lactosa"

A ver si de esta me salvo.


sábado, 9 de enero de 2010

Debilidades

No debería, pero me hace sentir mejor. No debería, pero es que si lo pienso, lo volvería a hacer.

Tengo una debilidad y es tan perjudicial para la salud que es posible que dentro de poco sólo te dejen hacerlo, por ley, en tu casa.

Sabe horrible, huele horrible, luce horrible... pero, ¡ay, las volutas de humo!...

Tengo otra debilidad. No compatible con la primera.

O una o la otra. Las dos no pueden ser.

Contigo me iría al fin del mundo. Mientras te lo piensas... volutas de humo.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Burbujas de Serotonina

La noche no estaba estrellada. Entre las luces estridentes que se reflejaban en mi retina conseguí vislumbrar decenas de burbujas de jabón.

No era tarde, pero oscurecía pronto y te sentía muy cerca de mí, aunque sólo nos rozábamos. El concierto era fantástico y me apetecía bailar, pero no quería levantarme. Así que ahora tengo una rebeca llena de ese peculiar césped seco que puebla nuestros parques. Me prometiste que no habría ni una sola cucaracha. Yo te dije que sólo te creería si tú mismo había hablado con ellas para que no aparecieran. Me contestaste que sabías que esa noche no habría nada que me molestase. Aunque no hubieras sido tú el que hubiera hablado con ellas. Apoyé entonces mi cabeza en el suelo. No habría bichejo que enturbiase ese instante.

Las burbujas de jabón se marchaban hacia el cielo buscando aventuras. Sin embargo, una, muy pequeñita, se transportaba bajo la palmera. Yo recé porque las palmas no le hicieran daño. Seguía acercándose cada vez más y durante medio segundo estuvo sobre mí, en línea paralela a mi nariz, a un metro de distancia. Mi burbuja de Serotonina.

Bailé en el suelo, porque no apetecía nada moverse. Estábamos terriblemente a gusto escondidos de todos y del mundo. Compartiendo un momento único. Rodeados de burbujas y de música.

Si cierras los ojos y te imaginas un cielo oscuro, con miles de focos y música divina de Justin Adams -¿puedes?-, entonces añade cientos de burbujas jugando a la cogida, transparentes y brillantes. Ahora piensa en todas las veces que te has perdido las burbujas que se te han posado en la nariz. Sonríe. Empieza por “s” como serotonina. Lindo, ¿verdad? No es mío. Me lo copio porque sé que me dejan…

Ahora imagina todas las veces que te has olvidado de que una burbuja se te ha posado en la nariz, o del que cielo estaba lleno de jabón. O de todas las veces que guardaste en un cajón el recuerdo de su mano rozándote casi a medias mientras bailas… Ahora deberías darte cuenta de lo que yo me dí cuenta anoche. No es tan terrible perderse el momento en el que vives, a veces pasa. Si lo descubres, bébetelo hasta el final. Eso sí, jamás olvides… Jamás lo olvides. En otro momento de atropinas y cortisoles, te salvará. No lo guardes el cajón de los recuerdos, mantenlo presente. Como aquel chiste tonto que oíste, y te hace sonreír a solas, aunque estés caminando por la calle y todos te miren de manera extraña.

Porque yo hoy he tenido un día rojo. Y a veces el recuerdo de la burbuja no era suficiente para seguir respirando. Pero anoche… anoche no. Ese momento se acaba de marcar a fuego en mi cabeza, para ayudarme a superar días como el de hoy.

Y no, no voy a hablar de mi día rojo. Mañana quizá. Una sabia Holly dijo que estos días no tienen explicación: “You're afraid and you sweat like hell, but you don't know what you're afraid of. Except something bad is going to happen, only you don't know what it is.”

Tengo burbujas de serotonina... a ver si con ellas acabo el día de color azul…

lunes, 30 de junio de 2008

Mis gafas de sol


No me gusta andar sin gafas de sol, así que cerré los ojos, respiré hondo y pensé en que el coche estaba sólo a cien metros. Eran las dos y media de la tarde, no había almorzado, calzaba chanclas y llevaba el vestido que no había querido ponerme la noche anterior, pero que, a causa de una mancha inoportuna de maquillaje, no pude evitar ponerme. A pesar del mal humor por la falta de gafas y el cansancio por no haber dormido, sonreía. Quizá no debería, porque siempre acabo metiéndome en líos y los de faldas -o los de pantalones, si somos más estrictos- han sido los que más daño me han hecho al final. Crucé la calle casi sin mirar y con paso firme llegué al Poloyo. Seguía sonriendo y en la radio sonaba Sólo palabras y fue casi un milagro sentir otra vez tus dedos por mi espalda. No hay duda de que hay encuentros, situaciones, circunstancias en la vida que no se pueden controlar, y afortunadamente, no se pueden controlar. Me faltaban todavía las gafas de sol. Estaba convencida de que no sería capaz de mirar al sol sin ellas, pero allí estaba sentada en el coche, sonriendo, arrancando, moviéndome, andando.
Bésame los labios, tócame la cara, que me tiembla el alma.

lunes, 5 de mayo de 2008

La chica del puzzle


Me preguntó si quería complicarme la vida y le dije que las complicaciones son una forma de ver la vida demasiado confusa.
Aunque la verdad sea que soy demasiada compleja como para vivir en confusión.

Ella me dijo que entendía que debía estar muy cansada, siempre luchando conmigo misma para conseguir estabilizar, equilibrar mis expectativas.
Quizá estoy exhausta porque soy impaciente.

No le echo de menos, y me siento decepcionada porque pretendo encontrar consuelo en otros brazos. ¿Los de quién? ¡Qué importa! No es un consuelo a tu despedida, es un consuelo a mi impaciencia, a mi confusión.

Hoy me queda sólo la sensación de que debería haber vomitado. No metafóricamente hablando. Debería haber vomitado. Para evitar el dolor de cabeza, la angustia y la sensación de abandono.

Me estoy reinventando.
Volveré a los trenes. Siempre conmigo.

Sentada en un viejo banco de la estación, respirando el aire frío y húmedo de la madrugada espero y deseo que alguien se cruce en mi camino, pero imagino, paranoica, que posiblemente sea un psicópata que pretenda hacerme daño, con las manos llenas de cuchillas afiladas. Así que, miro las mías, agrietadas y coloradas, y pienso en la manera de calentarlas. Siento tu mirada lejana, a través de las montañas y los valles que me alejan de la estación donde nos despedimos. Descubro, asombrada, que no siento lástima por ti, quizá por mi.

Es egoísta. Aunque todos los somos, todos lo hemos sido. ¿Vas a juzgarme por eso? No voy a quererme menos por ello.

Soy la chica del puzzle, es cierto, la de las confusiones. La adicta a las complicaciones. Hoy ella me ha abierto los ojos y me ha hecho ver que no soy la única chica del puzzle. No soy especial. Aunque lo pretenda.

Ni dioses ni paraísos.
Ni cielos ni infiernos.

domingo, 4 de mayo de 2008

Cocinando


Nunca he sido amiga de la cocina. Un sandwich, una pizza, un bocadillo o cualquier otra cosa que pueda llevarme menos de 15 minutos de preparación es tan bueno para mí como el hojaldre de champiñones y pollo en salsa de curry que preparaba Lucía.

Sin embargo, me gusta hacer tartas. Preparar la masa, leer la receta un millón de veces para asegurarme de que sé lo que estoy haciendo; porque como con todo, necesito estar segura, porque suelo tender al desastre y a complicarme la vida.

Templo el horno como templo mi vida. Me gusta sentir como se va calentando despacio. Mientras voy dando vueltas por la cocina cubierta de harina, como la mesa, las sillas, el suelo...

En ese momento nada importa, salvo que la masa no tenga grumos, el horno esté listo y que la tartera tenga suficiente mantequilla, para que luego no se pegue.

Una hora después tienes en tus manos el resultado de tanto esfuerzo, y la satisfacción de que todos van a disfrutarla.


La vida debería ser como esa tarta:  dulce, apetitosa...


martes, 18 de marzo de 2008

Terminantemente prohibido


Me he prohibido ser descorazonadora, e insensible.
Me he prohibido ser un alegato a la frialdad para huir del dolor.
Me he prohibido no sentir. Me he prohibido no vivir.
Me he prohibido vivir una vida que no es la mía: haciendo, diciendo y yendo por el camino que se espera que recorra.
Me he prohibido cerrar puertas, esperando que alguien abra ventanas.
Me he prohibido alegrarme por los demás, si la alegría es fingida.
Me he prohibido hacer reír, si me apetece llorar.
Me he prohibido fingir.
Me he prohibido dar a cada uno lo que pueda, sin pensar en qué merecen.
Me he prohibido quedarme en casa si hay algo mejor que hacer.
Me he prohibido mirar hacia el mañana esperando algo, si no sé ver lo que tengo hoy.
Me he prohibido ser quién no soy.
Me he prohibido imaginar un mundo que no existe, si no muevo las manos para cambiarlo.
Me he prohibido fantasear, especialmente contigo, si no vivo ni siento nada.
Me he prohibido falsificar mi firma.
Me he prohibido erigir nuevas barreras, si no soy capaz de derribar las viejas.
Me he prohibido pensar que tengo razones para no ser feliz, si no recuerdo primero la inmensa lista por las cuales soy y seré feliz cada día el resto de mi vida.
Me he prohibido imaginarme una vida solitaria, si no llamo primero a mi hermana, a mater, a pater, a Patum, a Crisy, a Faye, a Mey, a Maria, a ti…
Me he prohibido tragar mierda.
Me he prohibido vestir mi alma de gala cada día, si no sé qué ponerme por las mañanas.
Me he prohibido ir a yoga todos los martes, si antes no recuerdo por qué lo hago.
Me he prohibido leer lo que no me gusta.
Me he prohibido pensar en dejar de fumar, si no tengo intención alguna de hacerlo.
Me he prohibido no dejar que mi alma y mi cuerpo te quieran, si tú quieres que así sea.
Me he prohibido llorar por ello.
Me he prohibido pensar más de lo necesario.

Terminantemente prohibido, Calen.

Todo esto queda terminantemente prohibido.


miércoles, 7 de noviembre de 2007

Para cenar, tocinitos de cielo

Pedacitos de cielo, decía siempre que eran, y aunque nunca supo por qué debían ser del cielo aquellos postres relucientes, siempre he creído que tendrían que ver con dios y no con el placer divino de paladearlos y sentir el caramelo descender por la garganta cuál amante bajo las sábanas.

Quizá eso tuviera que ver con ese desconcierto vital que la rodeaba cada día cuando se levantaba; como si cada mañana descubriera que quienes son los Reyes Magos, o recordara haber visto a su madre dejar una moneda bajo la almohada cuando se le caía un diente.
Lo más duro de poner los pies en el suelo resultaba ser la necesidad de hacerlo, quizá, si hubiera podido modificar la realidad para sentir que tenía control sobre absolutamente todo, sería mucho más feliz.

Aquella tarde, mientras tomaba su pedacito de cielo, pensaba en todas las veces que uno deja de darle importancia a algunas cosas. Cuánto te cambian los días desde el patio del recreo a la sala de reuniones del trabajo. Si fuera capaz de parar el mundo ahora mismo, me tomaría un descanso de todo, de todos, de mi misma. Estoy cansada de tanta inmundicia desperdiciada, nada que se recicle de lo que he vomitado en estos treinta años.

Fuera de toda lógica, el roce no hace el cariño, porque uno se quiere lo justo como para convivir con uno, porque después de estas tres décadas yo sigo pensando que no me soporto.
Una no se reconquista ya con flores ni con bombones; ni siquiera sé si se pueden reconquistar corazones y almas con semajante cursilada. Lo mismo un buen polvo haría lo suyo.
No quiero estropear la última cucharada.

Y ahora, como siempre, como con todo, a la basura.

sábado, 20 de octubre de 2007

2mAnY

Demasiadas veces una piensa demasiado.
Demasiadas veces una intenta no hacerlo, porque, deep inside, sabe que en difícil manejar todo lo que se te pasa por la cabeza.
Hoy, demasiadas veces, demasiado tiempo, me he planteado si me sientas bien las botas vaqueras o si necesito añadir a mi vida una nueva variable.

¿O serán 2mAnY variables a tener en cuenta luego?

lunes, 8 de octubre de 2007

Tiranos

Los sentimientos son tiranos que no quieren dejarnos vivir.

Los sentimientos son dictadores de nuestros actos y nuestros pasos.

Así que he decidido iniciar una revolución. Una pequeña, para que luego crezca a gran escala. No voy a hacerle caso a mis emociones. Haré caso omiso al tirano. Tampoco haré justo lo contrario, porque no quiero que se me acuse de infantil e inmadura. Justificaré mis actos desde la lucha. Y pondré en manos de mi raciocinio la capacidad de actuar, decidir y salvarme.

Cuando alguien quiera unirse a esta guerra revolucionaria, a esta milicia de la mente en contra de la tiranía de izquierdas de mi corazón, sólo tiene que ponerse en marcha, así es como funcionan las revoluciones de bajo presupuesto.

Admito que está abocada al fracaso, pero no pasa nada. Las guerras son largas y sólo se pierden batallas.

Algunas llevo ganadas.

viernes, 5 de octubre de 2007

Dissapointed

Menos mal que todavía respiro.

Quizá debió reprochar algo, para quedarse a gusto más que nada, porque ser políticamente educada es más agotador que cultivar una personalidad arrebatadora.
En cualquier caso, las expectativas son necias. Y las palabras vacías cuando se dicen sin pensar.
Hice lo correcto y nunca me he sentido más orgullosa de mi misma teniéndote frente a mi.

Menos mal que todavía respiro.